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Hacer snowboard con un bebé es posible

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Consejos, ideas y experiencias para hacer snowboard con un bebé

Para mi una de las primeras cosas que pensé al quedarme embarazada fue, ¿cuándo podré volver a hacer snowboard? Algunos pensarán, “¡vaya tela! va a ser madre y ¿eso es en lo que piensa?”

Espero que si estás leyendo este artículo es porque de algún modo compartes la pasión (y la necesidad) de disfrutar del snowboard conmigo y seguramente seas o vayas a ser padre o madre. 

Por eso también entenderás que el “no juzgues, no me juzgues” adopta un nuevo significado y una nueva dimensión porque al final todos estamos haciendo lo que podemos, lo mejor que sabemos y la mayoría del tiempo simplemente nos lo inventamos, esperando y deseando que al final el resultado sea más o menos aquello que buscábamos. Y a veces funciona. Pero otras no, ¿y qué? Lo importante es seguir intentándolo. 

Uno de los primeros mitos de los que debemos deshacernos es que los niños primero deben aprender a esquiar antes de hacer snowboard. Aunque si les apetece, les gusta y tenemos la posibilidad de calzarse también unos mini esquís, ¿por qué no?


Si bien es cierto, que por las particularidades del snowboard, los inicios de más pequeñitos requieren más adaptaciones y más ayuda antes de que sean independientes que con los esquís, pero la verdad es que mucho de esto tiene que ver con llevar el material adecuado. 

Hasta hace muy pocos inviernos las tablas diseñadas especialmente para pequeños shredders ni existían, pero por suerte y cada vez más salen tablas y “herramientas” adaptadas a las necesidades de los niños y los padres o adultos que les guían y les enseñan. 

Quiero destacar que no soy educadora profesional ni instructora especializada en niños, simplemente soy madre y quiero transmitir mi experiencia, todavía en proceso, de hacer snowboard con mi hija Pia. 

Lo primero que aprendí es que para mi salud mental y bienestar no podía cambiar quién era, y si quería seguir haciendo snowboard, tenía que buscar la manera de seguir haciéndolo. Esa fue mi decisión, la mayoría de los días, pero no tiene por que ser la de todos. Así empezó nuestra aventura. 

Primero de todo las preocupaciones y dudas sin resolver: ¿es posible? ¿es seguro? ¿cuándo me la puedo llevar a la nieve? ¿va a pasar frío? ¿me van a dejar subir al telesilla? ¿voy a poder? ¿qué necesito? ¿merece la pena?

En mi historia, no practiqué snowboard durante el embarazo por qué las temporadas no coincidieron y cuando fue invierno físicamente no me encontré bien para hacerlo. Y esta es la primera realización: escuchar a tu cuerpo. Otras amigas y mujeres hacen snowboard embarazadas e incluso disfrutan del snowpark, cada una tiene que conocer sus habilidades, límites y sensaciones. A partir de ahí no hay nada escrito.

1. Empezar poco a poco, lo importante es salir y probar

Cuando te asaltan las dudas, no tienes la confianza de tener las herramientas o todo lo que necesitas o incluso la condición física para empezar a hacer snowboard con un bebé “a cuestas” lo mejor es empezar poco a poco. 

Ya sea cerca de casa, durante poco rato, con mucha gente a tu alrededor (pareja, familia, amigos…) que puedan ayudarte, sin objetivos prefijados o simplemente para probar cómo te sientes, cuál es la reacción de tu hijo/a y qué puedes necesitar.

Aquí Pia tenía menos de una semana, cayó una nevada sin precedentes y salimos al jardín de casa. Apenas entraba en mi ropa de nieve, pero me embutí, abrigué a Pia y salimos a disfrutar de la nieve.
Mi padre me montó un pequeño salto, apenas llegaba a abrocharme la fijación, pero me calcé la tabla y estaba «haciendo snowboard» con mi pequeña justo a mi lado. Excitación y no tener ni idea de lo que estaba a punto de empezar es lo que se ven en esa sonrisa!

Levanté un centímetro la tabla del suelo, hasta que me caí de culo. Pero ya está, era madre y seguía haciendo snowboard.

Este día, hice menos de 50 metros. Después de buscar y buscar encontré que Thule tenía un kit de ski de fondo para el cochecito/remolque de la bici. Decidí probar con la splitboard. De momento ese día solo andé unos pasos, pero tenía que ver cómo podía hacer para adaptarlo al snowboard… ¿funcionaría?

2. Pregunta, busca, comparte y planifica. Prepárate para que tu plan no funcione

Una vez has empezado a salir seguramente te des cuenta de cosas que no habías ni pensado… Haz todas las preguntas, busca toda la información o pide todo el apoyo necesario hasta que te sientas segura/o de tu plan, y eso incluye saber que si las cosas no salen como esperabas no pasa nada, puedes irte, parar, cambiar, reajustar o volver a empezar.

Material de snowboard, cochecito, coche de alquiler y a ver cómo nos lo montamos.

¿Sirve una camiseta de lactancia como térmica y combina con el peto? Podré subir el cochecito al telecabina? ¿Pañales, crema del culo y manoplas? Lo tenemos todo, vamos.

La confianza en ti mismo y saber que has hecho todo lo posible para estar seguro de lo que haces es lo más importante, porqué te ayudará a desarrollar estrategias para cuando las cosas no salen bien.

3. Equípate, tirar es más fácil que cargar y dos tiran más que uno

Al principio cuando son tan pequeños, que ni andan para ellos es simplemente salir de paseo, no te obsesiones en involucrarles demasiado por qué hasta que empiezan al menos a gatear las salidas a la montaña son para ti. Y eso es perfectamente respetable.

Dicho esto, compra, busca, inventa y prueba todo lo que puedas para hacerte la vida más fácil: trineos, cochecitos con esquís, cajas con ruedas… lo que se te ocurra y a lo que tengas a acceso para que te sea un poco más fácil y gastes un poco menos de energía: tirar siempre es más fácil que cargar con el peso, pero hay momentos para todo.

A veces necesitas a más de uno para tirar «del carro». Otras puedes tú solo/a. He probado trineos nuevos, antiguos, carritos, y todo lo que he podido encontrar y adaptar allá dónde fueramos, y ¡menos mal!

4. Experimenta con tus nuevos límites y no te compares con NADIE, ni contigo mismo

El cansancio físico y emocional serán completamente distintos a los que estabas acostumbrada/o, pero es parte del juego y es aquí cuando tienes que aprender a regular tus niveles de energía anticipándote a los de tu bebé, pero sin miedo. Un ataque de llorera en medio de la montaña no se maneja igual con o sin miedo, con más o menos cansancio. El volumen de hasta cuándo y hasta dónde lo marcáis vosotros cómo equipo. Y no hay otra manera de hacerlo que el de prueba y error. Lo que a unos les funciona, a otros no, por mil motivos. Y lo que te funciona un día no te tiene por qué funcionar al siguiente. Aprende de tu bebé porqué él/ella está aprendiendo de ti. 

Si no funciona, con humor y chocolate caliente todo parece más fácil. Y sino, sofá y manta.

Durante este proceso, el primer año y medio casi dos, he tenido días más cortos a los que estoy habituada, y he celebrado logros que nunca hubiera imaginado que fueran importantes antes porqué los daba por hechos, pero marcarme este reto de seguir haciendo lo que me gusta me ha ayudado a definir un poco más la madre que quiero ser, y las veces que peor lo he pasado, cuando me he rendido o me he colapsado es cuando me he comparado con otros, cuando me he dicho que no podía o cuando he comparado esta experiencia en la montaña con la de antes de ser mamá. También es parte del juego. Al final mañana es otro día y lo podemos seguir probando. 

Recordar de disfrutar dónde estás y de esos pequeños momentos ridículos y divertidos es algo que Pia me enseña cada día, incluso cuando no la quiero escuchar.

5. Documenta para poder mirar atrás de vez en cuando

Aunque sea poco, intenta documentar momentos de esta experiencia porqué habrá momentos en los que te guste mirar atrás y darte cuenta de lo lejos que has llegado. 

Esto no significa que te hagas filmmaker profesional ni influencer, porque luego el foco de atención ya no será la experiencia con tu pequeño sino mostrarla al mundo Instagram. Pero si que documentar pequeños momentos con una foto, un vídeo y quizás un diario te ayudarán a valorar los esfuerzos, el camino y ver el progreso de vuestro camino juntos. A mi esto me llena de orgullo y me da fuerza para afrontar el nuevo paso, el nuevo reto y el nuevo “no sé que va a tocar hoy”. 

6. Permítete disfrutar del snowboard, aunque sea una giro al día

Personalmente una de las cosas que más me cuesta es poder cambiar el chip de preocuparme y estar por Pia y pode disfrutar de mi snowboard, sobre todo en los días que sólo tengo una bajada, unos giros o unos minutos. Y muchas veces tengo más apoyo del que quiero reconocer en amigos, pareja o familia, pero siento que es mi responsabilidad llevar el «peso» de Pia y de su experiencia en la montaña. Pero cómo más me exijo, menos disfruto y las cosas se tuercen mucho más rápido. Los días que me acuerdo de sonreír y disfrutar de un giro para mi, no para nadie más, ni para mi hija ni para nadie, son los días que todos acabamos con los mejores recuerdos.

Si no lo hacemos para disfrutarlo, mejor no hacerlo, ¿no?

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